jueves, febrero 12, 2004

El control de la Información. Doblepensar y democracia


Una de las diferencias fundamentales entre el mundo Orwelliano de 1984 y las democracias occidentales actuales se fundamenta en el control de la información. En 1984, en Oceanía, la información estaba controlada por el Ministerio de la Verdad, cuyos profesionales se encargaban de difundir la información oficial. También se ocupaban de reescribir parte de las informaciones de hemeroteca para que lo dicho en el pasado concordara con el presente. La técnica del doblepensar reescribía las mentes, las programaba para aceptar de modo acrítico la información oficial, aunque ésta contradijera el pasado inmediato.

En las sociedades democrácticas occidentales actuales existe una pugna entre los gobiernos y los profesionales de la información. Los gobiernos, con mayor o menor grado de intensidad, hacen esfuerzos por controlar la difusión de la información; presionan a los medios privados y tratan de controlar los públicos atando en corto, políticamente hablando, a sus mandos principales.

La objetividad, la neutralidad y la libertad de información pura no existe en ninguna democracia. Sin embargo, se puede hacer una aproximación a la medición del nivel de democracia de una sociedad observando el grado de control de la información ejercido sobre los medios.

Desde ese punto de vista, me pregunto si hay realmente una diferencia abismal entre esa sociedad de pesadilla orwelliana y la que tenemos. La BBC, máximo referente de independencia está en un mal momento. Una mala práctica informativa puntual, en relación a la guerra de Irak, ha supuesto una represalia judicial y gubernamental, que podría terminar en el fin de su independencia, aunque hay voces que proclaman que la cadena pública británica ha salido reforzada tras el conflicto.

En EEUU ha vuelto la censura previa y la represión más dura desde el maccarthismo. Medio país se escandaliza por ver medio segundo un pecho femenino. Emiten en falso directo las galas y ningún participante en ella se rebela, ni se queja, ni tan siqiuera alude a ello. Por el contrario, extreman su recato en el vestir y el hablar. Aceptan la censura de buen grado. Casi nadie se queja en ese país de la invasión y masacre de Irak (por no hablar del resto). Eso no es obsceno; un pecho sí.

En España el director de informativos de la cadena pública ha sido condenado por manipulación informativa y sigue en su puesto tranquilamente; y hasta se le conceden premios por su buen hacer informativo en asuntos como el Prestige. Se prohíben, de facto, los debates electorales, la comparecencia del presidente de gobierno para explicar lo de las armas de destrucción masiva 'virtuales'. Se utililiza la información de los servicios secretos en asuntos de terrorismo, no para luchar contra el terrorismo, sino contra la oposición para arañar votos. Se demoniza a todo aquel que matice el discurso oficial sobre el terrorismo y se hostigan los nacionalismos, para exacerbar su postura y sacar otros cuantos votos.

Aquí aún no se vaporiza a las personas ni se reescriben las hemerotecas y las mentes, pero se intenta; nos aproximamos a ello y la culpa es nuestra, por aceptarlo de buen grado.

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